Cien años de soledad
Uff! Por un momento sentí que me iba a tomar literalmente los 100 años terminar el libro. Ya son muchas las personas que me dicen que “lo empezaron a leer pero se quedaron a la mitad”. Y es que es un libro desafiante verdaderamente. Yo mismo lo comencé y lo deje pausado a la mitad un buen rato, hasta que al fin hoy (curiosamente, 99, o sea, casi 100 dias despues de haber iniciado a leerlo) decidí acabar lo que me faltaba en una sola sentada.
Y no es que sea malo, pero tiene un rimo muy peculiar. No diria que es lento, ni confuso, ni repetitivo, aunque tiene algo de las tres cosas. Requiere de mucha atención a la genealogía especialmente si la lectura es pausada. Pero creo que mi principal problema fue mas bien una cierta sensación de estarme perdiendo el significado de las alegorías del libro, o como lo llamé, la sensación de “reirte de un chiste que no entendiste”. El libro esta cargado de momentos extraordinarios y fantasticos, que me dejaron la impresion de tener un significado mas profundo que el obvio, pero muchos de estos no pude decifrarlos.
Aun asi, el final me dejo un excelente sabor de boca. Se va a llegando a el de manera obvia pero contundente, y los sucesos del final si me sacaron una sonrisa. La narrativa es soberbia, pues el libro es una coleccion de pequeños relatos y la forma en que estan tejidos es muy sutil. El ritmo, aunque como dije, puede llegar a ser algo lento, tiene una constancia que resulta muy atractiva. Creo que al final le doy un 8 y lo recomiendo ampliamente, aunque no esta definitivamente para impacientes.
Se me antoja una lectura mas relajada a continuación. No se si seguir con “Ojos de lagarto” o con “1984″.
Ah, por cierto, no quisiera dejar de ponerles un extracto del libro que ejemplifica muchas cosas y que en lo personal me gusto mucho (sean advertidos de que puede llegar a tener spoilers)
…Desde la tarde del primer amor, Aureliano y Amaranta Úrsula habían seguido aprovechando los escasos descuidos del esposo, amándose con ardores amordazados en encuentros azarosos y casi siempre interrumpidos por regresos imprevistos. Pero cuando se vieron solos en la casa sucumbieron en el delirio de los amores atrasados. Era una pasión insensata, desquiciante, que hacia temblar de pavor en su tumba a los huesos de Fernanda, y los mantenía en un estado de exaltación perpetua. Los chillidos de Amaranta Úrsula, sus canciones agonicas, estallaban lo mismo a las dos de la tarde en la mesa del comedor, que a las dos de la madrugada en el granero. “Lo que mas me duele –reía– es tanto tiempo que perdimos”. En el aturdimiento de la pasión, vio las hormigas devastando el jardín, saciando su hambre prehistórica en las maderas de la casa, y vio el torrente de lava viva apoderándose otra vez del corredor, pero solamente se preocupo de combatirlo cuando lo encontró en su dormitorio. Aureliano abandono los pergaminos, no volvió a salir de casa, y contestaba de cualquier modo las cartas del sabio catalán. Perdieron el sentido de la realidad, la noción del tiempo, el ritmo de los hábitos cotidianos. Volvieron a cerrar puertas y ventanas para no demorarse en trámites de desnudamientos, y andaban por la casa como siempre quiso estar Remedios, la bella, y se revolcaban en cueros en los barrizales del patio, y una tarde estuvieron a punto de ahogarse cuando se amaban en la alberca. En poco tiempo hicieron mas estragos que las hormigas coloradas: destrozaron los muebles de la sala, rasgaron con sus locuras la hamaca que había resistido a los tristes amores de campamento del coronel Aureliano Buendia, y destriparon los colchones y los vaciaron en los pisos para sofocarse en tempestades de algodón. Aunque Aureliano era un amante tan feroz como su rival, era Amaranta Úrsula quien comandaba con su ingenio disparatado y su voracidad lírica aquel paraíso de desastres, como si hubiera centrado en el amor la indómita energía que la tatarabuela consagro en la fabricación de animalitos de caramelo. Además, mientras ella cantaba de placer y se moría de risa de sus propias invenciones, Aureliano se iba haciendo mas absorto y callado, por que su pasión era ensimismada y calcinante. Sin embargo, ambos llegaron a tales extremos de virtuosismo que, cuando se agotaban en la exaltación le sacaban el mejor partido al cansancio. Se entregaron a la idolatría de sus cuerpos, al descubir que los tedios del amor tenían posibilidades inexploradas, mucho mas ricas que las del deseo…
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Ya lo terminaste!
Yo si lo vuelvo a retomar, tendré que empezarlo de nuevo jeje
tal vez necesito contar los dias llevo desde que lo dejé ¬¬
No recuerdo bien de que trata, pero el extracto que escogiste suena bien, muy intenso
Yo fui de las que se quedó a la mitad… cuando lo retomé, estaba más que perdida. Jamás lo terminé así que felicidades a ti
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