Historias de la red
…Entré al cuarto. Y ahí las vi. Dos mujeres desnudas, abrazadas, complacidas, dormidas. Insisto, hermoso. Pero que no mamen, están en la casa de H. y mía y aquí no van a hacer sus cochinadas, aquí no se van a poner jariosas, aquí no coge nadie que no sea yo y H.. ¡A chingar a su madre las dos pendejas hermosas!
Es extraño, las dos debían tenían el sueño pesado porque ni con el ruido que hice en el baño, ni la puerta (que aunque no rechinaba de las visagras, hacía un ruido cagado cuando girabas la perilla), ni mis pasos las despertaron. Me acerqué a la de pelo ondulado. Qué bonitas nalgas tienen las dos. H. tiene unos lunares preciosos en el pecho. Me gustaba contarlos, besarlos uno por uno, fingir que los podía mover de lugar para besar muchos lugares más. A esta otra mujer sólo le noté uno en el hombro. No le veía la cara. ¿Qué hacía? ¿Les gritaba y las corría? ¿Me largaba y en la noche armaba un pancho con H.? La idea de correrlas era nueva. Pero soy muy tranquilo. En la vida había corrido a alguien. ¿A qué hora llegaron? Nosotros las vimos irse del edificio, de ahí se habrían ido al departamento, habrían hecho casi 45 minutos más los otros casi 20 del pendejo libro del güero y los otros 10 para llegar a la casa ¿un ratito les hizo dormir tan plácidamente o ya venían cansadas? ¿entonces que estaban haciendo en el otro edificio? ¿cogieron allá y se vinieron a jetear acá? Puta madre cuantas pinches preguntas….
Una historia indudablemente bella, cruda en su narrativa, bien contada aunque con el final algo vendido, fue lo que me encontre en el blog de Amargator. La posteo por que me dejo con un sabor a depresion y una actitud meditabunda. Aqui la historia completa. ¬¬
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