Desde hace no mucho leo periodicamente el blog de una chica norteña que me llamo la atencion por lo elaborado y cuidado de su diseño, ademas de que el contenido me entretiene (prometo poner un link en la barrita del lado derecho –> tan pronto la arregle).
Hoy lei una entrada bastante poco comun para el promedio de contenidos del blog, empezaba mas o menos asi:
La tenía sentada en mis piernas, semi desnuda y con rostro de quién está acostumbrado a esta rutina. Para mí era algo nuevo, para ella era un cliente más.
Eso inmeditatamente capta la atencion, no? Sin embargo la historia que lo sigue me parecio mucho muy interesante. Si entendi correctamente, es la mini historia de una chava que se metio a un famosisimo “privado” como parte del relajo con sus amigos. Ahi, en una breve conversacion con la “bailadora” extrajo un pedazito de esa humanidad que a veces olvidamos que todos a nuestro alrededor poseen. Cuando vamos en el trafico y le mostramos “da finga” a alguien, cuando pagamos el taco de la comida, cuando damos propina a un mesero, abordamos un taxi, chocamos con un desconocido… todos a nuestro alrededor tienen una historia unica, incluso bella, que es muy muy facil olvidar. Y que no deberiamos.
Quiero copiar unos parrafos del relato, con el fin de robarlo para mi. Sin embargo si quieren leerlo completo pueden visitar el Blog de Mommy (cuyo titulo es muy bueno ademas). If Then Else ¬¬
“-Puedes tocarlas, son naturales, te lo prometo- repitió y se acercó un poco mas. Abrí las palmas de mis manos y las junté una con la otra. Era cierto, eran naturales. Era realmente extraño todo lo que sucedía, hace poco estaba comiendo un helado con un viejo amigo y un par de horas después me encontraba sentada en un pegajoso sofá negro, dentro de un pequeño cubículo color crema con una mujer que intentaba alterar mis sentidos al ritmo de “Crazy” de Aerosmith.
Ella hacía lo suyo con su cuerpo y yo lo mío con mis ojos, siempre he sido buena observadora, siempre intento ver mas allá de lo que tengo frente a mí y esta vez no fue la excepción. Mientras Ximena continuaba bailándome, comencé a charlar con ella de su vida, de sus hijas y de sus planes como futura empresaria. A diferencia de sus otros tantos clientes que acuden con ella para que los escuchen, era yo quien pagó para escucharla, para que me contara todo lo que desea en su vida, de lo mucho que aborrecía bailar todas las noches en un maldito table dance sólo para poder sostener a sus hijas y de cómo piensa sacarlas adelante. Ximena continuó y continuó hablando hasta que terminó sentándose de la manera más cómoda posible, ahora ella estaba completamente postrada en mis piernas.“
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